Carlos Mora Vanegas
Aquel que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre. Benjamin Franklin
Al adentrarnos cuál ha sido el desarrollo de la Humanidad, a al que pertenecemos y nos identificamos con la forma que se nos proporcionó, hemos percibido, leído analizado las diferentes etapas que ha pasado y como muy bien nos lo recuerda René Guenon:
La doctrina hindú enseña que la duración de un ciclo humano, al cual da el nombre de Manvantara, se divide en cuatro edades, que marcan otras tantas fases de un oscurecimiento gradual de la espiritualidad primordial; son esos mismos periodos que las tradiciones de la antigüedad occidental, por su lado, designaban como las edades de oro, de plata, de bronce y de hierro. Al presente estamos en la cuarta edad, el Kali-Yuga o «edad sombría», y estamos en él, se dice, desde hace ya más de seis mil años, es decir, desde una época muy anterior a todas las que son conocidas por la historia «clásica». Desde entonces, las verdades que antaño eran accesibles a todos los hombres han devenido cada vez más ocultas y difíciles de alcanzar; aquellos que las poseen son cada vez menos numerosos, y, si el tesoro de la sabiduría «no humana», anterior a todas las edades, no puede perderse nunca, sin embargo se rodea de velos cada vez más impenetrables, que le disimulan a las miradas y bajo los cuales es extremadamente difícil descubrirle. Por eso es por lo que por todas partes, bajo símbolos diversos, se habla de algo que se ha perdido, al menos en apariencia y en relación al mundo exterior, y que deben reencontrar aquellos que aspiran al verdadero conocimiento; pero se dice también que lo que está oculto así devendrá visible al final de este ciclo, que será al mismo tiempo, en virtud de la continuidad que liga todas las cosas entre sí, el comienzo de un ciclo nuevo.
Pero, se preguntará sin duda, ¿por qué el desarrollo cíclico debe cumplirse así en un sentido descendente, que va de lo superior a lo inferior, lo que, como se observará sin esfuerzo, es la negación misma de la idea de «progreso» tal como la entienden los modernos? Es porque el desarrollo de toda manifestación implica necesariamente un alejamiento cada vez mayor del principio del cual procede; partiendo del punto más alto, tiende forzosamente hacia el más bajo, y, como los cuerpos pesados, tiende hacia él con una velocidad sin cesar creciente, hasta que encuentra finalmente un punto de detención. Esta caída podría caracterizarse como una materialización progresiva, ya que la expresión del principio es pura espiritualidad; decimos la expresión, y no el principio mismo, pues éste no puede ser designado por ninguno de los términos que parecen indicar una oposición cualquiera, ya que está más allá de todas las oposiciones. Por lo demás, palabras como «espíritu» y «materia», que tomamos aquí para más comodidad al lenguaje occidental, apenas tienen para nos más que un valor simbólico; en todo caso, no pueden convenir verdaderamente a aquello de lo que se trata más que a condición de descartar las interpretaciones especiales que les da la filosofía moderna, de la cual filosofía, el «espiritualismo» y el «materialismo» no son, a nuestros ojos, más que dos formas complementarias que se implican la una a la otra y que son igualmente desdeñables para quien quiere elevarse por encima de esos puntos de vista contingentes.
Definitivamente, cuando nos referimos a la edad sombría nos identificamos con la Edad del Kali Yuga, con que tanto se identifico Miguel Serrano, para ello, recordemos, que en Kali Yuga, la verdad se oculta bajo mucha superstición y es difícil que el hombre la logre, por entre de los pensamientos fijos. Hay que romper muchos conceptos para darse cuenta de la sabiduría universal. Para que ésta no se pierda en todas las ilusiones de la materia, el Señor
Krishna le dio el plan al Señor Maitreya en las horas crepusculares de Dwapara Yuga, de cómo en la entrante era oscura, se puede mantener abierto el sendero hacia la Luz, y Lo colocó en la función de Maestro Mundial, para el Kali Yuga. Varios grandes iniciados, entre ellos Maru (el Maestro Morya) y Devapi (El Maestro Koot Hoomi) se unieron al trabajo. Este grupo formó las bases para la jerarquía espiritual de esta era, y el Señor Maitreya asumió la responsabilidad de ayudar a humanidad durante todo el Kali Yuga.
Inicialmente, Maitreya deseó luchar contra la oscuridad, pero Krishna le mostró que la oscuridad no se puede vencer luchando, porque crece aún más de esta forma. Él le enseñó la ley de la inclusión y de síntesis. Al momento de su partida, Krishna prometió que continuaría dando su presencia en el planeta a través de Maitreya, y para que el plan se cumpliera, Él le transfirió el manto radiante de su cuerpo causal celestial.
Como su último mensaje dijo: "Dondequiera que existo, Kali no existe. Dondequiera que no existo, Kali existe. Por tanto, continúen esparciendo el YO SOY. Conduzcan a cada ser al YO SOY y no dejen ningún otro pensamiento detrás. Entonces comenzaré a trabajar e impregnaré a todo el individuo. Conéctense simplemente con el YO SOY y vivan en esta conciencia. No se dejen llevar por cosas como lo malo o lo malvado y cosas similares. En todas las situaciones, llénense de la conciencia del YO SOY."
"Propongo favorecer mi presencia a través del poder de la música del alma. Ésta es mi sendero para la era. Toco las cuerdas de la corriente subconsciente de cada uno, de modo que pueda aprender a ser despertado gradualmente en mi presencia y se vuelva hacia mí. Seré oído en la forma de música que cada uno sabe y reconoce como Su propia presencia."
Este Yoga de Síntesis fue dado a Maitreya por el Señor Krishna al principio de Kali Yuga. Puesto que somos olvidadizos, se da una y otra vez, para que podamos recordarlo.
Fuentes:
Las debidamente señaladas, más las aportaciones de K.P. Kumar: La Cruz y de Saramori







